Revista n.º 1049 / ISSN 1885-6039

Anotaciones al hilo de la publicación actual del Templo militante de Cairasco de Figueroa (I)

Lunes, 10 de junio de 2024
Antonio Henríquez Jiménez
Publicado en el n.º 1048

Tras más de cuatro siglos ausente para la mayoría lectora, la edición de la ULPGC preparada por Antonio Henríquez supone uno de los mayores acontecimientos editoriales de la historia de Canarias.

Detalle del retrato de Cairasco en la edición actual de 'Templo militante'

El trabajo lo empezamos cuatro personas con mucho optimismo; al mes, otras ocupaciones obligaron a abandonar el empeño, y solo José Miguel Perera cumplió con el primero de los trabajos, la copia de la parte respectiva; a él le tocó la Primera parte.

Esta aparición del libro más importante de don Bartolomé Cairasco de Figueroa es una deuda que la sociedad canaria debía al autor que más se empeñó en llevar el nombre de Canaria y noticias de sus excelencias a sus versos [en el Templo militante aparece Canaria 91 veces: 25, 33, 18 y 15; en las Esdrujúleas, 71]. Los años de 1602, 1603, 1609, 1613, 1614, 1618 fueron viendo las distintas apariciones de los cuatro tomos del Templo. La obra fue leída en todas las partes del mundo. Muchos autores la citaron, y algunos se apropiaron de sus versos, sin indicar su origen; una brasileira, Isabel Mendez, en Río de Janeiro, por 1628, acusada de judaísmo, se defendía de ser buena cristiana, negando ser hereje, afirmando que leía, entre otras obras, el Templo militante. En los promedios de 1700, Juan Francisco Nipho presentaba un buen número de octavas de Cairasco en su Cajón de Sastre. A mitad del XIX, hubo necesidad de presentarlo en extracto. En la Biblioteca de Autores Españoles (Madrid) habían aparecido dos amplias antologías de Cairasco: en Romancero y Cancionero sagrados, de don Justo de Sancha (1855); y en Poetas líricos de los siglos XVI y XVII (1857), de don Adolfo de Castro. En esos dos libros leyeron a Cairasco los estudiosos que nos hablan en la época del Templo militante, muchos de ellos del siglo XX. Dichas transcripciones muestran poco respeto a lo escrito por su autor pues están plagadas de errores, que se transmiten a los que se refieren al poeta canario. Don Agustín Millares Torres, en 1861 y 1862, publicó la Primera parte y algo de la Segunda parte en forma de folletín en el periódico grancanario El Ómnibus. Elías Zerolo nos presentó y habló de los esdrújulos de Cairasco y de otras cosas en su Legajo de varios (1897). Los profesores del Colegio de San Agustín (Graciliano Afonso, Agustín Millares Torres y sus hijos Luis y Agustín Millares Cubas, José Franchy y Roca, etc.), sembraron el amor a Cairasco entre sus alumnos a finales del siglo XIX. Se ve en la obra de Galdós, Tomás Morales, Alonso Quesada, etc.

En el siglo XX se trata mejor al poeta. Hay estudios sobre su obra, como el de Agustín Millares Carlo en Ensayo de una bio-bibliografía de escritores naturales de las Islas Canarias (1932), o los posteriores de María Rosa Alonso y del profesor rumano Alexandre Cioranescu. Este último elaboró una antología de sus versos. Muy posterior es la antología del poeta publicada por la Biblioteca Básica Canaria del Gobierno de Canarias. Entre tanto, íbamos conociendo las deudas de Cairasco con nuestros poetas renacentistas, sobre todo con Garcilaso, presentadas por el profesor Sánchez Robayna, que nos acompaña esta tarde; o sus observaciones acerca del mito de la selva de Doramas. Hay empeños más cercanos a nosotros, como el de don Julio Sánchez, pero nunca ha aparecido el Templo militante completo, como ocurre ahora con esta edición de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Algunos estudiosos de la época cuyas opiniones son muy consideradas (Alatorre y Bechara) presentan unos versos esdrújulos mejores que los de Cairasco, sin conocer que su autor, Arias de Villalobos, tuvo que elegirlos precisamente de Cairasco, de una canción en esdrújulos dedicada al patrón de México, san Hipólito, que Cairasco había enviado a quien entonces servía Villalobos, el virrey Marqués de Montesclaros. De una canción de 14 estancias de 13 versos, eligiendo los mejores, forma su poema de cuatro estancias el poeta novohispano Villalobos, ensalzado por los estudiosos referidos.

La obra pertenece a la épica sagrada de finales del 500, al llamado manierismo literario, la transición entre lo renacentista y lo barroco. El trabajo de Cairasco consiste en elegir la materia para las introducciones de los Cantos (puestas en boca generalmente de una virtud en la que se distinguió el santo) y en distribuir según su criterio las historias, versificando en octavas reales lo que leía en los textos de, sobre todo, Juan Pérez de Moya (en especial para las introducciones) y Alonso de Villegas (principalmente para las octavas). A veces se sale de este esquema y acude a otros autores.

Nos debemos preguntar por qué algunos autores, como don José de Viera y Clavijo, se creen en la necesidad de citar a Cairasco para asegurar sus opiniones de historia de Canarias o de aspectos de historia natural. En mi libro Novelerías sobre Bartolomé Cairasco de Figueroa, aparecen muchos autores de su época y posteriores que acuden a su autoridad para reafirmar sus opiniones.

El empeñarme en elaborar una edición anotada de esta obra se debe al constatar tanta lectura errónea con que Cairasco ha sido presentado. Lo publicado en papel es la transcripción del libro, sin explicaciones en nota a pie de página. Estas notas aparecen en la edición digital de la obra. Es un trabajo enorme, donde intento dar cuenta de las fuentes, alusiones, citas patentes y no patentes, traducciones, palabras no castellanas empleadas. La Primera parte, en dicha edición digital, contiene 3385 notas a pie de página; la Segunda, 5179; la Tercera, 5344; y la Cuarta, 3924. En total, 17 832. La edición digital contiene 5056 páginas, según me dice el amigo Rubén Naranjo. El curioso podrá encontrar algunas cosas nuevas sobre Cairasco, que no han sido aireadas suficientemente antes de estos trabajos. Les citaré solo algunas para no cansarles.

Momento de la presentación el pasado Día del Libro

Algunas curiosidades. El retrato de Cairasco de la edición de 1602 trae el nombre de las musas dibujadas en la parte superior derecha e izquierda del enmarque: Calíope (la poesía épica) y Clío (la historia). Las otras veces que se publica el retrato ya no aparecen los nombres paganos, evidente censura o autocensura. No ocurre lo mismo con los numerosos términos paganos con que a través de la obra se nombra, por ejemplo, a Jesucristo, a la Virgen María o a algunos santos. Tal ocurre con “el divino Doramas” (el “terreno” Doramas es San Silvestre), que es Jesucristo (se lee en la octava 6 del Canto de San Silvestre, Cuarta parte, p. 282), donde llama a la Virgen María “Madre selva”. A esta la nominará infinidad de veces “musa”; le dará el nombre de “dea” en el verso 5 de la octava 16 del Canto de San Josef (Primera parte, p. 264): “de un devoto esposo sea / esposa nuestra dea, no remoto / de su linaje”; en el verso 7 de la octava 5 del Canto de Nuestra Señora de las Nieves (Tercera parte, p. 149): “que, entre tantos retratos, nuestra dea”, hablando de la ermita de las Nieves de Agaete; “aquesta mortal dea” es llamada en el verso 1 de la octava 11 del Canto de la Concepción de nuestra Señora (Cuarta parte, p. 214); “Diosa terrena” la llama en el verso 4 de la octava 35 del Canto de La Natividad de Nuestra Señora” (Tercera parte, p. 278); “la celestial Diana” es llamada en el verso 1 de la octava 13 del Canto de La Asunción (Tercera parte, p. 214). “Belona” la llama en el verso 4 de la octava 3 del Canto de San Isidoro, Arzobispo de Sevilla (Segunda parte, p. 19). La madre de Los Siete Hermanos Mártires es llamada “nuestra santísima Belona” (Tercera parte, p. 13, oct. 11). Dios es “el divino Sol” en la octava 8 del Canto de Santa Clara (Tercera parte, p. 198); “ninfas” llama a las monjas que siguen a santa Clara (octava 65 del Canto de Todos los Santos (Cuarta parte, p. 97). Las virtudes que cantarán a los santos y fiestas de la Iglesia militante son llamadas “las soberanas amadríades” en el verso primero del grupo 38 del Discurso primero (Primera parte, p. 25). Considerará a Felipe II como otro san Miguel.

Hay varias autocensuras o censuras de otros. Enumeraré algunas. Parece censura del editor la ausencia (en las ediciones de 1613 y de 1615) de los versos 12-16, y 19-22, del quinto grupo de versos del Discurso segundo (folio 18v de la edición de 1602, y p. 30 de la edición de 1603), Primera parte, en los que se alude al risco de donde “solía precipitarse gente bárbara” (que se veía desde Agaete), y a la “peña” desde donde se ven “las reliquias / de la primera torre de los vándalos” (en Agaete). Quizás la censura más importante es el hacer desaparecer en las ediciones de 1613 y de 1615 de la Primera parte unos versos en que se dejaba mal parada la política ejercida por los españoles en la dominación de las Islas. Son los trece versos en que el poeta pone en boca de su primo hermano, fray Pedro Basilio de Peñalosa (que se lo cuenta a Curiosidad), una lamentación (que entra dentro del tópico de alabanza de los pasados tiempos) por el mejor gobierno de las islas “en los pasados siglos áureos”. Estamos en el mismo Discurso segundo (folio 21v de la edición de 1602, y pp. 34-35 de la edición de 1603), en el grupo de versos undécimo, que de 19 versos queda reducido a 6 en las ediciones de 1613 y de 1615 (p. 11)1.

Mas, ¡ay dolor!, que ya por estar héticas

las almas, y las tierras que eran útiles,

que no se puede referir sin lástima,

o por castigo de las insolencias

del imperioso orgullo y vano estrépito,

o por haber faltado los repúblicos,

que hicieron esta tierra felicísima,

o porque en toda parte el mundo mísero

degenerando va de sus principios,

que es mucho bien de mucho mal pronóstico,

o por otros secretos a Dios públicos,

solo hallarás en ella aquel adagio

que se dice de Troya y sus hipérboles.

[Recuerden, aquello de Tucídides de que la guerra troyana

fue menor que la fama y lo que de ella dicen los poetas]

Un caso de censura teológica podría darse en cambiar, en las ediciones de 1613 y de 1615, el término “Toro” por el de “Aries”, en el verso primero de la octava 6 del Canto de La Natividad de Cristo Nuestro Señor. Leer “Del estrellado Aries había pasado” el gran planeta “al Capricornio frío” parece estar más conforme con que el engendrado pasara los reglamentarios y normales nueve meses en el útero materno, y no los ocho que implica leer “Toro”. El cambio no parece deberse a mejora métrica del verso, ya que en ambos casos hay que hacer sinéresis en “había”. Sin embargo, me parece menos duro el verso en las dos primeras ediciones: “Del estrellado Toro había pasado”.

Las referencias a Francia o a Inglaterra suelen cambiar, cuando no son amigas de España. Por el contrario, en la Primera parte sorprende el hecho de que no se hayan cambiado, en las ediciones de 1613 o de 1615, de alguna manera, los siguientes versos del Canto de San Antonio Abad: “Como el gallardo joven arriscado, / en oyendo decir que hay justa guerra, / contra enemigo reino rebelado, / cual en aquesta edad Ingalaterra” (octava 14 de su Canto). Con la firma del tratado de Londres, con Jacobo I de Inglaterra, en 1604 (ratificado en abril de 1605), ya Inglaterra no era “enemigo reino”.

El caso del cambio de la palabra “anglio” por “turco” en el sexto terceto de la introducción de “San Vicente, mártir famoso español” es otro caso de adecuación a la situación política. ¿Cambiaría el propio Cairasco los términos en su preparación de la tercera salida al público de la Primera parte de su Templo militante? Podría pensarse que sí. Dice el terceto mencionado en 1602 y en 1603: “Del anglio la malicia y arrogancia, / del cita la jactancia, orgullo fiero, / del alemán Lutero la inconstancia”; las ediciones de 1613 y de 1615 leen: “Del turco la malicia y arrogancia...”.

Habría que preguntarse el porqué de una nueva edición de la Primera parte del Templo militante a principios de 1603, al año de haber salido la primera. Una de las posibles causas podría haber sido la falta de relevancia de la fe, con un título propio, que no aparece en la edición de 1602, y sí en la edición de 1603 (aunque solo en el margen superior de la p. 37) y en la de 1615 (colocado después de la ornamentación de tres medallones, rodeados de ángeles y vegetación y frutas2): “TRIVNPHO DE LA FE” / “TRIVMPHO DE LA FE”. Los dos grupos de versos que siguen a este título se encuentran en la edición de 1602 como parte del “DISCURSO SEGUNDO”, y formarían los grupos 17 y 18. Separándolos y dándoles el título indicado, quedaba resaltada explícitamente no la posición de la teología de la Iglesia renacentista y postridentina, para quien la caridad es virtud suprema, de la que se genera la fe, sino la de la teología protestante, que consideraba que la fe en Dios estaba por delante de la caridad. La caridad, “presidente” de las virtudes (título que se repetirá muchas veces en el libro), aparecerá como titular del Canto de la “Natividad de Cristo Nuestro Señor”3. Es sintomático que la primera vez que se nombra la fe en la obra sea en un contorno negativo: “el gran inquisidor, en auto público, / sacó los delincuentes como apóstatas, / quebrantadores de la fe católica” (se refiere a Adán y Eva, versos 4-6 del grupo 1 del Discurso primero). La fe aparece por segunda vez, y en primer lugar, en los versos 5-7 del grupo 25 del Discurso primero: “y sobre basas de diamante sólido, / con chapiteles de rubí purpúreo, / que son fe, y caridad, virtudes ínclitas”. La tercera vez ya aparece como segunda (versos 1-4 del grupo 25 del Discurso primero): “El presidente, caridad benévola, / entró primero con la fe católica, / y la esperanza, arrebatada en éxtasis, / con tres insignias, fuego, cáliz, áncora”. Al final del grupo 39, aparecerá de nuevo la fe, proponiendo “cierto prólogo”, que se leerá en el Discurso segundo.

Portada de 'Templo militante'

Notas

  1. En los vv. 12-13 del citado grupo 11 del Discurso segundo se habla de la falta de los gobernantes como una de las causas de la no prosperidad de las Islas. En la oct. 22 del Canto de Santa María Egipcia (Primera parte, p. 283), se habla de la miseria en que vive la gente canaria. En la oct. 2 del Canto de San Vidal (Segunda parte, p. 63), acalla un feroz retrato de la situación de las Islas, que se desprende de las durísimas palabras del capítulo 3 de Isaías (Dios castiga a su pueblo enviándole gobernantes niños, afeminados): “Contigo habla, oh mísera Canaria, / esta proposición. Mas no se trate / de aquesto, porque siendo culpa varia, / será citar a muchos de remate”.
  2. En este caso representan a la Virgen con el niño y dos ángeles, y un cartel con la leyenda “Deus charitas es”; san Juan Bautista con una cruz y un cáliz con la hostia, y un ángel resplandeciente. Los medallones son los mismos, y colocados en el mismo orden, que los que aparecen, por ejemplo, en la ed. de 1618 de la Tercera parte, encabezando el Canto de San Miguel Arcángel, debajo de otros tres medallones más grandes; y que en otras ocasiones aparecen repetidos al inicio de otros Cantos en las eds. del impresor Pedro Crasbeeck.
  3. Esta actitud está en la línea del entorno de los editores de la Biblia Regia de Felipe II, la Familia Charitatis del impresor Plantino y la cabeza intelectual de tal obra, Arias Montano, que hace lo mismo en el Emblema 20 de su Divinarum nuptiarum conventa et acta (véase la ed. de Luis Gómez Canseco, Poesía y contemplación. Las Divinas nupcias de Benito Arias Montano y su entorno literario. Huelva, 2007). El nombre de Arias Montano aparecerá en algunas notas de este trabajo.

Este texto es la primera parte del documento leído por el autor de la edición el pasado 23 de abril de 2024, en el Rectorado de la ULPGC, durante la presentación de los cuatro tomos de Templo militante.

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