Revista n.º 1157 / ISSN 1885-6039

Referentes femeninos de Artenara (y II): Carlota de la Quintana

Martes, 30 de junio de 2026
Eva Luna Acosta
Publicado en el n.º 1155

Fue la primera mujer que estudió Medicina en Canarias. Como consecuencia de sus viajes y de su extraordinaria facilidad para el aprendizaje, llegó a dominar trece idiomas, además del esperanto. Su trayectoria refleja una firme voluntad de superación frente a las desigualdades de género.

Carlota de la Quintana a caballo

(Viene de aquí)

Carlota María Angélica de la Quintana y López de Arróyave nació en Artenara el 12 de agosto de 1909 y falleció en Las Palmas de Gran Canaria en septiembre de 2010, a los 101 años. Después de completar sus estudios y obtener el doctorado, se convirtió en la primera doctora de Canarias. Con motivo de su centenario, el Colegio Oficial de Médicos de Las Palmas le rindió un emotivo homenaje. Como consecuencia de sus viajes y de su extraordinaria facilidad para el aprendizaje, llegó a dominar trece idiomas, además del esperanto.

Fue reconocida por el Ayuntamiento de Artenara con la Insignia de Oro del municipio en un acto celebrado en el marco de las fiestas de La Cuevita del año 2005. Ese día tuvo lugar el I Encuentro con la Historia, una iniciativa impulsada por el cronista oficial y que ha tenido continuidad durante los últimos años. Esa jornada consiste en reunir a distintos protagonistas de la historia y de las actividades desarrolladas por ellos en el municipio, quienes, a través de preguntas formuladas en directo, comparten sus recuerdos y vivencias sobre el entorno y la vida local. Durante este encuentro, doña Carlota relató sus primeras experiencias en Artenara, su formación escolar y los distintos avatares que tuvo que afrontar durante su proceso de formación universitaria.

Fue hija de Emiliano Quintana Henríquez, perteneciente a una familia originaria de Teror, y de Estefanía López de Arroyave, integrante de una familia con raíces en Lisboa. Ambos se conocieron en Artenara y formaron una familia de la que nacieron cuatro hijos: Emiliano, José, Antonio y Carlota. Nacieron en una vivienda situada en una esquina del casco, conocida popularmente como El Siete debido al ángulo singular que presenta el diseño de su fachada. Aprendió a montar a caballo con apenas cuatro años y, al cumplir los siete, su padre le regaló uno que bautizó Bayo, convirtiéndose desde entonces en su inseparable compañero de juegos. La equitación fue una de sus grandes pasiones y la practicó hasta los 87 años. A lo largo de su vida mantuvo un profundo amor por los animales y una firme defensa de sus derechos.

En Suiza conoció a quien sería su esposo, el doctor ingeniero industrial Manuel Mendoza Ramírez, natural de Agaete. Fue madre por primera vez a los cuarenta años, una circunstancia poco habitual para una mujer de su época. Poco tiempo después quedó viuda, teniendo que afrontar en solitario la crianza de sus dos hijas, que aún eran muy pequeñas. En 1949 nació su primera hija, Carlota María Angélica Mendoza de la Quintana, quien desarrolló su trayectoria profesional como arquitecta y enfermera. Falleció en 2018, a los 69 años. Dos años más tarde, en 1951, nació su segunda hija, Fany Lilia Mendoza de la Quintana, quien también orientó su vida profesional hacia el ámbito sanitario, dedicándose a la enfermería.

A lo largo de su vida recibió numerosos reconocimientos por su destacada trayectoria profesional y humana. Pepe Luján, con motivo de su reencuentro con Artenara en 2005, le escribió una crónica que recoge parte de su memoria vital y de su extraordinaria personalidad. La describe como una mujer de gran elegancia, inteligencia y sensibilidad, dotada de una memoria prodigiosa y de una conversación fluida y enriquecedora. En su libro Crónicas de Artenara. Hechos, personajes y paisajes se relata su vida: entonces, en 2005, tenía 96 años. De su memoria entran y salen los recuerdos como los barcos en la bahía del Puerto, cargados de mensajes que no son leyendas de personajes trasmarinos, sino datos limpios y claros de una hermosa experiencia vital que llena todo un siglo. En esa crónica señala que es la primera mujer de las Islas que estudió la carrera de Medicina, suficiente para desvelar su talante vital y humano. En su charla se entrelazan al mismo tiempo los recuerdos personales con los nombres de muchísimos personajes que atravesaron su vida y que vieron sus ojos a lo largo de tantos años. Primero en Artenara, luego en la ciudad capitalina, más tarde en Madrid y en Alemania... Y vuelta a la isla, al trabajo altruista de buscar el atinado remedio al dolor de las gentes.

Trazado de Artenara desde arriba

Formación académica. Carlota cursó sus primeros estudios en la escuela de Artenara, dirigida entonces por Chana Hernández. Su padre, Emiliano, mantenía una estrecha amistad con Juan Sánchez, padre de Ezequiel Sánchez —maestro en Artenara y Tejeda—, y con Heraclio Sánchez, canónigo magistral de Canarias y catedrático de Derecho Canónico por la Universidad de La Laguna. Gracias a la influencia de estos referentes intelectuales, Carlota inició su formación académica y pasó algunas temporadas en Tejeda, donde Ezequiel, reconocido por sus amplios conocimientos matemáticos, le enseñó los fundamentos necesarios para su ingreso en el instituto. Tras finalizar el bachillerato, tuvo que esperar dos años hasta cumplir los dieciocho años para poder acceder a la universidad. Durante ese periodo cursó estudios de Magisterio.

En 1934 viajó a Madrid y residió en el Colegio del Sagrado Corazón. Inicialmente quiso estudiar Ingeniería, aunque más tarde se inclinó por Farmacia. Para sufragar los gastos de su formación, su padre se vio obligado a vender varias propiedades rústicas que poseía en Artenara. Carlota comenzó entonces los estudios de Farmacia, motivo por el que se trasladó a Madrid junto a otras jóvenes procedentes de Telde. Sin embargo, abandonó pronto esta disciplina tras verse obligada a realizar un trabajo de campo en los Montes de Toledo para la recogida de plantas medicinales. Aquella experiencia le hizo comprender que su verdadera vocación no se encontraba en ese ámbito. Gracias a los contactos de su padre con varias personas influyentes en Madrid, logró acceder posteriormente a la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid. Algunas personas cercanas a Emiliano le advirtieron de la hostilidad existente hacia las mujeres en el ambiente universitario de la época. No obstante, tras asistir a la disección de un cerebro en el paraninfo universitario, Carlota descubrió con entusiasmo su auténtica vocación médica. Fue también gracias a los consejos de Ángeles Añivarros, compañera de residencia y militante comunista, cuando reunió el valor necesario para afrontar una carrera entonces dominada por los hombres.Después de visitar en varias ocasiones la Facultad y recorrer las salas de disección y anatomía, decidió definitivamente continuar sus estudios de Medicina.

Su principal mentor en Madrid fue el doctor Domingo Hernández Guerra, natural de Tejeda, catedrático de Fisiología y secretario de la Facultad de Medicina de la Universidad Central. En la capital coincidió asimismo con Adela Báez Mayor y Josefina Mayor, dos jóvenes de Telde que cursaban estudios de Farmacia. La Guerra Civil interrumpió temporalmente su formación universitaria y obligó a Carlota a regresar durante dos años a Las Palmas de Gran Canaria debido al cierre de la universidad. Finalizado este periodo, volvió a Madrid, donde concluyó la carrera de Medicina en 1942.

El contexto académico de la época imponía numerosas barreras a las estudiantes universitarias, hasta el punto de dificultarles el reconocimiento académico que merecían. Incluso se le prohibió asistir a determinadas asignaturas, como Anatomía y Ginecología. Lejos de intimidarse, Carlota afrontó estas limitaciones con determinación y perseverancia, recurriendo a los apuntes que le facilitaban algunos compañeros de clase. Su trayectoria refleja una firme voluntad de superación frente a las desigualdades de género presentes en la universidad española de comienzos del siglo XX. Entre sus compañeros universitarios llegó a ser conocida como la niña de los ojos extraños, debido al singular color de sus iris. En 1936, el estallido de la guerra la obligó a permanecer en Las Palmas de Gran Canaria. Durante esos años aprovechó el tiempo asistiendo a clases particulares de alemán e inglés, conocimientos que posteriormente resultarían fundamentales para completar su formación en distintas universidades europeas. Tras finalizar la carrera de Medicina y obtener el doctorado a comienzos de la década de 1940, amplió su formación en Alemania y Suiza, países que en aquel momento constituían referentes internacionales en investigación científica y médica. En Alemania cursó nueve de las quince especialidades médicas en las que llegaría a formarse a lo largo de su trayectoria profesional. Gracias a su extraordinaria preparación académica y a la claridad de sus objetivos profesionales, Carlota de la Quintana se convirtió en una de las primeras médicas especialistas de Canarias y en una figura pionera de la medicina femenina en el Archipiélago.

Al finalizar la licenciatura, preparó primero la tesina y posteriormente la tesis doctoral, dirigida por el doctor Pedro Laín Entralgo, sobre el tema Psicología médica circunstancial y experimental aplicada. Gracias a ello se convirtió en la primera doctora de Canarias, un logro excepcional para una mujer de su época. Sin embargo, su padre, que había puesto un enorme empeño y realizado numerosos sacrificios para costear la formación de su hija, no pudo ver culminado aquel éxito, ya que falleció dos años antes de que Carlota concluyera la carrera. Tras finalizar sus estudios universitarios, permaneció cerca de dos años en Alemania, concretamente en Hannover y Heidelberg, donde amplió su formación en diversas especialidades médicas que entonces no podían cursarse en España. Se especializó en pediatría, medicina general, aparato digestivo y traumatología, aunque esta última nunca llegó a ejercerla. Asimismo, inició la especialidad de psiquiatría, pero decidió abandonarla tras sufrir la agresión de un paciente que, según sus propias palabras, «casi me ahoga porque se empeñó en que era mi pretendiente». Su constante inquietud intelectual la llevó también a cursar paralelamente estudios de Derecho.

Mural dedicado a Carlota de Quintana (https://www.adeje.es/)

Ámbito profesional . Regresa a Las Palmas de Gran Canaria a comienzos de los años 40. Su madre le había preparado un elegante despacho profesional. Carlota tuvo que esperar varios meses antes de poder ejercer la Medicina. Su condición de mujer despertó numerosas reticencias y actitudes discriminatorias en determinados sectores profesionales. Fue a inscribirse en el órgano colegiado y el delegado de sanidad y presidente del órgano colegial, de condición militar, recibió su solicitud con abierta hostilidad, y llegó a decirle: «Has venido para quitarle el trabajo a los hombres». El entonces inspector provincial de Sanidad, el militar Alberto García Ibáñez, retrasó la concesión de la denominada censura sanitaria, requisito para ejercer la profesión, después de llegar a decirle: «Tú vienes aquí a quitarle la fama a los médicos». Finalmente, la situación pudo resolverse gracias a la intervención del doctor Palanca, director general de Sanidad en aquel momento. Las gestiones se realizaron en Madrid.

Desde sus inicios profesionales trabajó en la sanidad pública, en un pequeño dispensario situado en la calle Canalejas n.º 12 de Las Palmas de Gran Canaria, dependencia anexa al edificio del Instituto de Enseñanza Secundaria. En aquel espacio, ubicado en la planta baja y esquina con la calle Murga, donde también se encontraba la Delegación de Sanidad, se administraba, entre otras funciones, la vacuna contra la viruela al alumnado del instituto. Poco después obtuvo el número uno nacional en las primeras oposiciones convocadas por la Seguridad Social, ejerciendo posteriormente en el ambulatorio de la calle Cano.

Tras varios meses de espera, Carlota consiguió abrir su propia consulta médica en el número 16 de la calle Canalejas. Sin embargo, la puesta en marcha de este dispensario privado tampoco resultó sencilla para una mujer profesional en un contexto histórico marcado por profundas desigualdades sociales y políticas. Su consulta médica se convirtió pronto en un referente de atención humanitaria y altruista. Carlota mantuvo siempre muy presente un consejo que le había transmitido su padre: «Hija, tú trata bien a los pobres como los he tratado yo siempre». Por este motivo, decidió no cobrar las consultas los martes y sábados, circunstancia que hacía habitual la presencia de largas colas de pacientes en la acera de la calle Colmenares. Su sentido humanitario la llevó a destinar parte del sueldo a las Hermanas de los Desamparados y a las Siervas de María. Fue impulsora, junto con el Dr. Aguiar Márquez, de la implantación de la Seguridad Social en la provincia de Las Palmas. No aceptó ser decana del Colegio de Médicos ni Inspectora Local de la Seguridad Social. Sus hijas solían decirle con cariño: «Eres la más pobre de los médicos». A lo que Carlota respondía: «Pero ¿y lo bien que dormimos?».

Colaboró activamente con instituciones benéficas como la Casa del Niño. Gracias a su entrega hacia las personas más necesitadas, terminó siendo conocida popularmente como la doctora de los pobres. Acudía también a barrios periféricos, cuevas y chabolas donde otros facultativos se negaban a desplazarse, prestando asistencia médica a familias humildes. No solo evitaba cobrarles consulta alguna, sino que, en muchas ocasiones, dejaba discretamente sobres con dinero escondidos bajo las almohadas de quienes atravesaban situaciones de extrema necesidad.

Carlota aprobó unas oposiciones en Madrid, obteniendo el número uno de su promoción en la primera convocatoria. Durante las décadas de 1960 y 1970 ejerció en diversos centros públicos y privados de la capital, llegando a desempeñar el cargo de jefa de equipo del Sanatorio Doctor Esquerdo, institución de referencia en el tratamiento de patologías mentales. En 1962 pidió traslado a Madrid y fue directora del Sanatorio de San Cipriano de la Sierra. Aquí también destacó por su labor altruista ya que parte del sueldo lo destinaba a los pobres de Madrid. Tras su jubilación, fijó su residencia en Las Palmas de Gran Canaria. Sus hijas crecieron en Madrid, aunque Las Palmas de Gran Canaria continuó siendo siempre el principal núcleo afectivo y familiar. Regresó temporalmente a Canarias antes de su jubilación para ejercer la medicina en Lanzarote, isla que en aquellos años presentaba importantes carencias sanitarias. Allí fue requerida por varios colegas para colaborar en la implantación progresiva del sistema sanitario público en el Archipiélago.

En esa época la Seguridad Social todavía no garantizaba el acceso universal a la atención sanitaria. La doctora compraba medicamentos de su propio bolsillo para aquellos pacientes que apenas recibían ayuda de la beneficencia. Preparaba en su casa cestas de alimentos para las familias vulnerables varias noches por semana, reflejo de una concepción profundamente ética y solidaria del ejercicio de la medicina. Fue una firme defensora de la sanidad pública en España y profundamente comprometida con su implantación. La consolidación de la sanidad pública universal en el Estado no se produjo plenamente hasta finales de la década de 1980, por lo que la labor desarrollada por profesionales como Carlota resultó esencial en ese proceso de transformación social y sanitaria. Ella se jubiló a los 78 años, manteniendo hasta el final de su vida un extraordinario espíritu vital y aventurero. En su último gran viaje transoceánico, realizado a Australia cuando contaba con 97 años, comenzó a sentir que se despedía lentamente del mundo; y aunque aún viviría cinco años más, su legado es imborrable.

Pepe Luján, en medio

Bibliografía

-José Antonio Luján Hernández

A. Crónicas de Artenara. Hechos, personajes y paisajes, 2014. Domibari.

B. La actividad comercial en Artenara (1950-2010), 2012. Domibari.

C. Aspectos históricos de Artenara (2.ª edición), 2004. Ayuntamiento de Artenara.

D. La voz de la memoria. Conversaciones en Artenara, 2006. Ayuntamiento de Artenara.

E. Roca excavada... y Habitada evidencias etnogáficas y antropológicas en las montañas sagradas de Gran Canaria. 2022. BEGINBOOK.

G. Proyecto de rutas culturales en Tejeda y Artenara. Año 2023.

Otras:

https://www.laprovincia.es/sociedad/2021/03/08/primeras-alcaldesas-canarias-39379347.html

https://www.laprovincia.es/canarias/2025/05/17/rojos-artenara-117491505.html

https://www.laprovincia.es/las-palmas/2024/06/12/medico-pobres-15-especialidades-103700239.html

García Quesada, A. I. (2008). «Las alcaldesas de Canarias 1933-2007: nombres, datos de evolución y algunas claves de la resistencia a la democracia paritaria en el máximo nivel de representación municipal». Boletín Millares Carlo, 27, 197-216. https://hdl.handle.net/20.500.12285/bolmc/160

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